Quedarte donde estás, teniendo tu día a día controlado. Con tus rutinas, tus horarios, tus molestias conocidas o …
Quizás lanzarte a lo “desconocido” a una nueva etapa en la que no sabes muy bien si saldrás bien o mal parada. No sabes ni qué horarios, ni qué nuevas rutinas tendrás que adquirir y lo peor: no sabes qué inconvenientes te podrás encontrar.
Sé qué sensación es esa: la viví hace unos años y de nuevo la tengo. Ando con pies temblorosos y un poco “cangrejiles” (Dos pasos hacia delante, uno hacia atrás). Pero sé lo que sucederá: que aunque quiera frenarme la vida arrastra al cambio. Que yo también lo pido a gritos y aunque luego me arrepienta, maldiga y me fustigue, es una decisión que debo de tomar.

De hecho la tomo todos los días cuando me levanto. Todos los días desde que se grabó mi nuevo proyecto en mi frente continúo tomando la decisión de seguir adelante. Hasta los días que pospongo y no hago nada. Porque esos días tengo la sensación de dejar de hacer algo que debo.
Y hoy estás tú ahí leyéndome. Así que hoy sonrío y sé que ya no estoy sola. Que mi idea de montar una asesoría por y para mujeres es una realidad. Que lo que empezó como una idea de una amiga: “Oye, tú que sabes de Marketing… ¿por qué no me asesoras en montar mi empresa?” es YA una realidad. Gracias a ella, a las que vinieron después y… a tí ahora.
Así que espero que si tú también estás en este momento de tu vida, cuentes conmigo. Quizás podamos recorrer parte del camino juntas.

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